Tecnociencia

El motor que no emite gases nocivos ni CO2

Investigadores del Instituto de Tecnología Química (ITQ-CSIC-UPV) y del Instituto CMT-Motores Térmicos han diseñado un nuevo motor de combustión interna que no genera gases nocivos para la salud ni dióxido de carbono (CO2). Se trata de un motor “revolucionario” que cumple con la normativa sobre emisiones prevista para 2040 y que destaca por su alta eficiencia.

La tecnología empleada para conseguir este hito se basa en la utilización de membranas cerámicas MIEC; patentadas por el ITQ-CSIC-UPV, estas membranas eliminan todos los gases contaminantes y nocivos para la salud (NOx), capturan el CO2 propio y atmosférico y lo licuan.

Estas membranas, incluidas en el motor del vehículo, permiten la separación selectiva de oxígeno del aire para producir la oxicombustión. De este modo, se genera un gas de combustión puro, compuesto de agua y CO2, que se puede capturar en el interior del propio vehículo y almacenarlo, sin que salga expulsado por el escape.

De este modo, la tecnología desarrollada por este equipo de investigadores permitiría disponer de un motor con la autonomía y capacidad de repostaje que puede tener uno convencional hoy en día, pero con la ventaja de que es completamente limpio, sin ningún tipo de emisión contaminante o de efecto invernadero, igual que pasa con los eléctricos. Así se ofrece al sector una tecnología que combina lo mejor de ambos motores, los eléctricos y los de combustión.

Un depósito de combustible… y otro de CO2

Con la tecnología desarrollada por el ITQ-CSIC-UPV y CMT-Motores Térmicos, el vehículo además se convierte en suministrador de CO2. Según explican los investigadores, en un motor convencional, después de la oxicombustión, se genera una gran cantidad de nitrógeno y óxidos de nitrógeno en el escape. Sin embargo, en este caso, solo se genera CO2 en muy alta concentración y agua, que se puede separar de forma muy fácil del CO2, simplemente condensándola.

El CO2 se comprime en el interior del propio motor y se almacena en un depósito a presión, pudiendo retornarse como un subproducto, directamente como CO2 puro, de alta calidad en una estación de servicio, para su posterior uso industrial. De esta forma, dentro del vehículo tendríamos además del depósito de combustible, otro con el CO2 que se genera después de quemar el combustible y del que podemos sacar partido (valorizar).

La tecnología desarrollada se dirige, principalmente, a fabricantes de vehículos de gran tamaño para el transporte de viajeros y mercancías, tanto terrestres como marítimos y para aviación hasta un determinado nivel de potencia. Además, podría emplearse también para adaptar los actuales motores diésel en vehículos especiales.

En el caso de vehículos más pequeños, se podría aplicar también secuestrando solo parte del CO2 en el escape.

Fuente CSIC

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