El poco interés de la industria en cambiar y mejorar los alimentos ultraprocesados

Un informe elaborado por una comisión de la Cámara de los Lores del Reino Unido, denuncia que la industria alimentaria tiene poco interés en cambiar y mejorar los alimentos que produce, parece que tenga el objetivo de perpetuar la demanda de alimentos ultraprocesados cargados de grasas, azúcares y sal.

En el informe explican que el sistema alimentario del Reino Unido en todos sus eslabones está fallando y actúa como una barrera que impide seguir una alimentación saludable, siendo las personas con economías más precarias las que más sufren esta situación. Los miembros de la comisión comentan que la pandemia de COVID-19 ha expuesto la fragilidad de la situación económica de muchas personas, algo que se podía apreciar a través de la alimentación que seguían, por lo que es una clara llamada de atención para que se realicen cambios profundos en el sistema alimentario.

En los supermercados hay una gran proporción de alimentos altamente procesados cargados de grasas, azúcares y sal, aunque esto es algo que ya sabemos desde hace tiempo. Estos alimentos son más baratos que los considerados saludables, por lo que no es extraño que en el periodo de cuarentena y con la falta de ingresos, una buena parte de la población haya adquirido este tipo de productos para su alimentación, algo que se traduce en un incremento del riesgo de padecer diferentes enfermedades.

En el documento se critica el hecho de que los alimentos altamente procesados se promuevan y comercialicen de una forma agresiva, entendiéndose como agresiva las ofertas, los precios económicos, etc. Claro, que no todos los fabricantes de alimentos actúan de este modo y así lo reconoce la comisión responsable del informe, asegurando que algunas empresas y organizaciones trabajan para reformular sus productos y hacerlos más saludables, pero hay que decir que se trata de una minoría.

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El hecho de que el progreso de la industria alimentaria hacia la elaboración de productos más sanos de forma voluntaria haya sido tan lento, pone al descubierto que existe poco compromiso por parte de fabricantes y minoristas para mejorar la alimentación. Tampoco es que esto sea nuevo, ya hemos comentado en varias ocasiones que las iniciativas voluntarias sirven de poco, siendo necesario que se introduzca una legislación que obligue a la industria a realizar los cambios oportunos. Pero esto es complicado, sobre todo por la influencia que tiene la industria alimentaria en los gobiernos y las decisiones políticas.

La comisión de expertos asegura que la industria alimentaria necesita ser más responsable sobre lo que produce, fabrica y comercializa, pero, la verdad es que decir esto no sirve de mucho, sobre todo sabiendo que el principal objetivo son los beneficios económicos. Los expertos creen que los programas para la reducción de sal y azúcar en los productos alimenticios no lograrán alcanzar sus objetivos; por ello abogan porque el Gobierno del país aumente y mantenga la presión en la industria a fin de que lleve a cabo los cambios oportunos para mejorar la calidad de los productos alimenticios. Se recomienda que se avise a la industria alimentaria de que si no responde como se espera, se introduzcan medidas regulatorias que obliguen a realizar los cambios necesarios, claro, que una cosa es decirlo y otra que se pueda hacer.

Otra preocupación planteada es el hecho de que nuevos acuerdos comerciales permitan la importación de alimentos económicos, que no han sido producidos acorde a los estándares ambientales y de bienestar animal, esto pondría en desventaja a los productores del país y pondría en riesgo la salud y seguridad de los consumidores. En teoría, esto no debería ocurrir, ya que el Reino Unido ha declarado en más de una ocasión que a pesar del Brexit, seguirá manteniendo los estándares de calidad y seguridad alimentaria que rigen en la UE. En el documento se sugiere la puesta en marcha de un sistema de notificaciones para intentar que se cumpla con los parámetros de sostenibilidad y salud, además de una revisión del etiquetado para que sea correcto y pueda comprobarse la trazabilidad.

El informe también muestra que muchos consumidores no pueden comer de forma saludable por no tener ingresos suficientes, pero también por no tener un entorno en el que la elección de alimentos sanos y de calidad sea más fácil.

Lee el artículo original, bajo licencia CC, en Gastronomía y Compañía

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